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Creación de empresa y protección patrimonial.

Para muchas personas la creación de empresas es un acto empresarial, para nosotros es algo más. Una empresa es una comunión en la que varias personas aportan algo de ellas, generalmente dinero,pero casi siempre ése dinero resulta poco, comparado con el tiempo dedicado a la actividad que desarrolla la empresa.

En la empresa intervienen muchas personas, algunos como dueños o accionistas, otros como trabajadores, sin importar el número de personas que integren ésta comunidad empresarial, es necesario que cada una tenga muy presente sus funciones, los dueños deben intervenir pero también delegar, los monopolios en la administración de una empresa sea pequeña o grande nunca funcionan bien.

Las empresas son entidades o personas jurídicas que transcienden nuestra existencia como accionistas o dueños, ellas perduraran así nosotros ya no estemos, ellas tendrá una vida propia, así no lo queramos y ellas por sí solas podrán administrar su patrimonio, por esto, invitamos siempre a nuestros clientes a mirar las cosas desde otro punto de vista, a darle el lugar a las empresas que ellas requieren, y a manejar sus negocios con el respeto de una gran empresa, a delegar las funciones que se pueden delegar, a buscar alternativas para evitar que el negocio termine cuando el dueño deje de trabajar para él. Una empresa que funciona solamente estando el dueño, es una empresa que no vale mucho en el mercado; nadie quisiera comprarla a menos que en el precio se pacte la participación del dueño, para que la empresa siga produciendo y creciendo.

La evolución histórica de las empresas familiares es que nacen pequeñas y dejan de existir cuando el padre o la madre que encabezaban la actividad fallecen o simplemente dejan de trabajar por jubilación o retiro, por el motivo que sea, la empresa debería continuar aún sin ellos, y ahí es donde la asesoría de un experto le indicaría que hacer.

Lo ideal sería crear una empresa pensada para sus nietos y demás descendientes, algo que perdure por mucho tiempo, la motivación no debería ser el dinero, o por lo menos no la única motivación, sino situaciones de estabilidad para toda la familia y prosperidad, tanto el dinero como la estabilidad, deberán perdurar para siempre.

Como padres y accionistas pensamos en una estabilidad económica para nuestros hijos, pero vivimos y actuamos afrontando riesgos que pueden traducirse en pérdidas de nuestro patrimonio, y sacamos de la empresa todo aquello que entre, sin tener utilidades que permitan capitalizar la empresa, de tal manera que, la materialización de los riesgos podrán significar perderlo todo. Lo ideal sería darle un tratamiento más sensato a la empresa, entendiéndola como un hijo, no pretendamos que nuestros hijo a los dos años de nacido nos de casa, carro y muchos bienes. Si capitalizamos las utilidades ése hijo (empresa), en unos años nos dará todo y la estabilidad ganada nos permitirá dar todo a nuestros hijos, la misma empresa con nuestra ayuda, se encargará de dejar un legado que trascienda a los accionistas o dueños.

Cuando los riesgos se materializan y no hay un capital suficiente para solventarlos, las empresas se endeudan en el mejor de los casos, o buscan alternativas jurídicas para normalizar su cartera vía acuerdos de reestructuración empresarial, entre otros, o mediante la venta del propio patrimonio del dueño para pagar las deudas. Si además todo el riesgo y el patrimonio está en una misma actividad (Todos los huevos en una mismas canasta), no quedará de otra que pagar los errores con todo lo que tenemos; a veces ni siquiera son los errores, sino situaciones propias de la actividad que desarrollamos, circunstancias del mercado por ejemplo, variaciones en la moneda y otros factores que no implican pérdidas y hasta el cierre de los negocios, en la medida que los empresarios se dejen asesorar y tomen decisiones en protección patrimonial, menores serán las consecuencias de la materialización de los riesgos.

Los riesgos no son únicamente del mercado, la vejez, la muerte, la jubilación de los dueños implican un riesgo propio del ser humano, que se traducen en menores ingresos, costos, gastos, impuestos que afectarán lo dejado a los descendientes.

Ésta forma de ver la empresa queremos enseñarla, mostrarla a nuestros clientes para que protejan su patrimonio, trascienda su legado, disminuya riesgos y evite dejar complicaciones a los hijos cuando dejen de existir los dueños de la empresa.

León David Zúñiga Pérez (Abogado – Gerente DLT Consultores S.A.S.)

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